Tanatorios

Parece que los tanatorios existan desde siempre en la cultura funeraria de nuestro país, sin embargo, es es un tipo de instalación funeraria de creación muy reciente.  

Hasta no hace mucho a los seres queridos se les velaba en las casas. Lo habitual era que las personas moribundas o enfermas se las cuidara en los domicilios y no existían, como tal los hospitales.  Era el médico quien acudía a las casas y la familia era la encargada de cuidar al enfermo. Cuando ocurría el fallecimiento, la preparación del fallecido y la vela también tenía lugar en las casas. Era allí donde acudían los amigos y familiares a presentar las condolencias a las familias por la perdida y donde pasaba el cuerpo unos cuantos días hasta tener la seguridad que el fallecido ya no estaba entre los vivos. Desde las casas se llevaba finalmente el cuerpo hasta el entierro. 

El término velar, de hecho ser refiere a la acción de permanecer despierto de manera voluntaria durante toda la noche, vigilando, con cuidado, esmero y atención para ver si el fallecido despertaba. Es decir, pasar la noche en vela haciendo guardia. En algunos casos, durante estas largas horas se cantaba y danzaba como ocurría, por ejemplo en la Comunidad Valenciana. 

Este tiempo de espera en un espacio que no estaba preparado para albergar a un cuerpo en descomposición, provocaba un auténtico peligro de higiene y sanidad para todos aquellos que se encontraran cerca de la persona fallecida. Y aunque, existían técnicas para detener el proceso, este no era infalible y sólo se podían aplicar una vez certificada la muerte.  

Los avances de la ciencia permitieron que, certificar la muerte fuera cada vez más rápido y fiable. También que se desarrollaran mejores sistemas de embalsamamiento temporal. La consecuencia de esto es que acortó los tiempos de vela, que antes podrían durar hasta cinco días, a sólo dos. 

Esto disminuyó el riesgo, pero no lo convertía en un sistema seguro al ciento por ciento. En los años 70, surgieron en España las primeras instalaciones especialmente preparadas para, por un lado, poder realizar un velatorio digno por parte de las familias y, por otro, poder realizar el mismo en unas condiciones con garantías de higiene para quienes visitaran al difunto. Para ello fue fundamental la separación física que se creó en las salas de velatorios gracias a los túmulos.  Lugares donde el cuerpo se conserva de forma adecuada hasta que llegue el momento del entierro, o cremación.

Cómo curiosidad diremos que la primera instalación de estas características surgió en Cataluña y que, precisamente en esta comunidad autónoma las instalación no son 24 horas.

Hoy día ya no se realizan velatorios en  las casas y tampoco se realizan misas de funeral de, como se denomina, de cuerpo presente, es decir, con el feretro abierto.

Los motivos son los mismos que en el caso de la aparición de las salas de vela acondicionadas, esto es, que no se garantiza un ambiente saludable para los asistentes que acuden al acto religioso. Estas medidas en ocasiones chocan con los usos y costumbres de algunas zonas de nuestro territorio. Por ejemplo, en la isla de Ibiza en la que la costumbre de velar en casa y realizar una misa de cuerpo presente estaba muy arraigada y, en casos muy especiales, se permite este tipo de homenaje. 

Los tanatorios hoy día ofrecen muchos servicios asociados. Por ejemplo muchos de ellos además de tener varias salas de vela tienen cafetería o, incluso, restaurante de manera que la familia puede reunirse también en este tipo de espacios y, a la vez, tomar algo. Otros tanatorios tienen lo que se llaman jardines del recuerdo unos espacios para pasear y, si la familia lo desea pueden incluso esparcir o enterrar las cenizas. Otras instalaciones lo que tienen son pirámides del recuerdo o cascadas del recuerdo que funcionan, en esencia igual que los jardines. Además es habitual encontrar en internet el sitio web de la instalación.

Sobre las salas de velatorio, comentar que existen dos tipos de sala. Unas, las llamadas castellanas, en las que el cuerpo del fallecido se encuentra en un habitáculo independiente y se muestra a las familias a modo de escaparate y, otras, las llamadas salas de velatorio de estilo Catalán en la que el cuerpo en su ataúd se encuentra metido dentro de una urna en el centro de la sala y la familia puede rodearlo en su totalidad. Estas últimas, son menos habituales pero pueden encontrarse. 


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